viernes, 25 de septiembre de 2015

Los padres de la escuela pública piden eliminar los deberes... y en El País, ya se publican las primeras reacciones en contra.

Es uno de los debates no resueltos de la vuelta a clase. La Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), que representa a 12.000 asociaciones en centros públicos, pide que no haya deberes fuera de la jornada escolar. Reclama un debate “profundo” sobre las tareas y el calendario. La confederación que representa a la concertada católica (Concapa, con 2.500 asociaciones) pide también ese debate, sin exigir que se eliminen las tareas. Lo que solicita es “coordinación” para que los deberes no sean “excesivos“. Hemos recibido cientos de quejas de familias que nos muestran su desacuerdo por cómo la jornada escolar se está trasladando a los domicilios”, explicó ayer Jesús Salido, presidente de Ceapa, en la rueda de prensa de valoración del inicio de curso. Considera que los deberes “generan una presión institucional hacia al alumnado” que “si no los hace pueden llegar a bajar nota”. Según sus estimaciones, entre las clases y los deberes, la jornada estudiantil puede llegar a “60 horas semanales”. “¿Algún adulto lo admitiría? ¿Sus docentes aguantan 60 horas de trabajo?”, añade otro portavoz de Ceapa, José Luis Pazos.


España es uno de los países industrializados en los que los alumnos de 15 años destinan más horas a las tareas en casa, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Este organismo, responsable del informe PISA, comparó el tiempo que dedicaban en 2012. En España son 6,5 horas semanales frente a una media de 4,8.



Los deberes escolares, según los padres de la pública, pueden generar “desigualdad” entre aquellos alumnos cuyas familias puedan pagar academias de refuerzo por la tarde y las que no. La OCDE comparte que puede abrirse una brecha entre estudiantes pero defiende razones “muy sólidas” para asignar tareas después de clase. Entre ellas, consideran que la ayuda a los estudiantes con dificultades permite fijar los contenidos en la memoria a largo plazo y supone un estímulo adicional para los chicos con altas capacidades.

Los padres de la enseñanza pública reclaman también que se cumpla “íntegro” el periodo de clases, con una media de 175 días anuales pero con variaciones por comunidades autónomas y que los descansos no estén supeditados “a fechas religiosas”. Proponen adelantar a julio los exámenes de septiembre y que se impartan clases de apoyo durante junio, entre los días en los que acaban las clases y los que se destinan para los exámenes finales. “Necesitamos un debate profundo sobre los tiempos escolares, el calendario y los tiempos de exámenes”, pide Pazos.

“Entendemos que los deberes consolidan los conocimientos que se obtienen en el colegio, pero no pueden ser desproporcionados con la edad”, solicita por su parte José Antonio Rodríguez, director de programas de la Concapa, la confederación de familias de la concertada católica. “Un alumno de 1º de primaria no puede asumir dos horas de deberes diarios”, ejemplifica. Rodríguez pide “coordinación” entre los profesores de cada centro para evitar “una carga excesiva para los estudiantes”. “El tema de los deberes es cíclico y todos querríamos que este debate estuviera consensuado”, añade Rodríguez. En España no existe normativa al respecto.

¿Que se acaben los deberes?
Las tareas a casa, por desagradables que resulten, forman parte de la lógica del aprendizaje

                              
La Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) ha pedido que no haya deberes fuera de la jornada escolar. Al parecer hay muchas quejas que sostienen que “se está trasladando a los domicilios” lo que sea que ocurra en los centros de aprendizaje. Los deberes provocan una “presión institucional” que, por lo que se ve, es de tal calibre que quienes no los hacen “pueden llegar a bajar nota”. Así que fuera, que se acaben las tareas, no vayan a existir diferencias entre los que trabajan y los que no lo hacen. Además, los alumnos no paran: entre ir al colegio o al instituto y cumplir con las obligaciones escolares en casa pueden llegar a dedicar a su formación unas “60 horas semanales”. “¿Algún adulto lo admitiría?”, preguntó el presidente de la Ceapa la pasada semana en rueda de prensa.

Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) confirman que España es uno de los países donde los estudiantes de 15 años dedican más tiempo a sus deberes. Pero la propia OCDE considera que hay “razones muy sólidas” para que sigan existiendo. La propuesta de la Ceapa, por tanto, no podría contar con su bendición. De hecho, la idea de quitar de un plumazo los deberes tiene un punto provocador, un aire original, una impronta revolucionaria.

Nadie que haya pasado por un colegio se ha visto libre de llevarse tareas a casa. Forma parte de la propia lógica del aprendizaje, por desagradable que haya resultado siempre hincar los codos. Es necesario volver sobre lo que se ha explicado en clase, fijarlo, es imprescindible para consolidar lo aprendido hacer determinados ejercicios, resolver problemas, incluso memorizar alguna cosa (por desprestigiada que esté hoy esta facultad). Etcétera.

Seguro que hay un problema. Es más, seguro que hay varios problemas. Los diferentes informes Pisa no dejan en buen lugar a la educación española, cambian los planes con demasiada frecuencia, y es verdad que la manera de aprender ha cambiado mucho e igual, efectivamente, ya no sirve del todo el viejo y legendario esquema del maestro que da la lección y que manda unas tareas para que se hagan en casa. Puede ser que esto sea ya muy anticuado, con tantos ordenadores y con tantas nuevas estrategias pedagógicas, y con tantos términos tan rotundos. Por ejemplo, “presión institucional”.


Y es que no debe tener pase que los alumnos anden estresados por “trasladar” a sus domicilios parte de su aprendizaje. Una cosa es la escuela, otra muy distinta la propia casa. Ese es el mensaje que ha enviado la Ceapa: que no tienen nada que ver. Y es un mensaje equivocado. Habrá que arreglar lo que vaya mal (horarios, organización, normas para estudiar), pero lo que también quieren decir esos dichosos deberes es que ese domicilio, el hogar, es una parte imprescindible del proceso de formación.

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